lunes, 28 de septiembre de 2009

No se enmendará jamás...

Hace poco, cansado de la saturación de nuestros días, quise dedicarle un poco de tiempo a la pureza de los ingredientes, es decir, como quien en vez de una complicada salsa goza de una pasta con un extraordinario aceite de oliva, flor de sal y trufa fresca: una complicada elaboración arruinaría la exquisitez de cada ingrediente, vale más saborearlos con esa simpleza que propongo, que no es ni mucho menos la única. La discusión de qué es complicado la evitaré de momento, pues hay mucho que decir, baste por ahora afirmar que esta fórmula de gozo de lo sencillo (tampoco hablaré de lo sencillo, por ahora) funciona asimismo en la música y la literatura. Quien haya escuchado los duetos de flauta dulce de Telemann sabe de lo que hablo. Di por casualidad, buscando otro autor, con una grabación de Dorothee Oberlinger y Lorenzo Cavasanti, de Marc Aurel Edition. Extraordinario trabajo! Y como casi siempre, ese tema me llevó a otro compositor, siempre barroco (quién dijo que el barroco es complicado?): Haendel, y a una obra no muy conocida: No se enmendará jamás, HWV 140: Cantata Spagnuola a voce sola e Chitarra. He aquí una ejecución magistral de María Bayo, con la que ilustraré esa fusión de música y palabra óptimamente lograda. Deseo con esta pequeña muestra inaugurar una serie de vigilias venideras sobre este tema, al que agregaré la escenificación. Hasta la próxima vigilia!


La geometría de la eternidad: Die Soldaten.

Una conversación con Carlos Padrissa