lunes, 26 de abril de 2010

La iluminada poesía de Juan Ramón Ramón Jiménez



La obra poética de Juan Ramón Jiménez nos muestra su evolución constante como poeta y ser humano, y su lectura, que hay quienes tildan de no ser sencilla, compromete al lector a escudriñarla, a integrarse a ella, para de esa manera, en ese espacio esencial, poder recibir su luz transformadora, pues quien lea a Juan Ramón como él merece, descubrirá que después ya podrá ser el mismo.
Aquí nos ocupa de momento la interacción de su poética con la obra musical de dos compositores alemanes que han conservado el español para sus creaciones en el género de la canción o Lieder, por su nombre en alemán, y que integran la antología “Begegnung” de compositores alemanes con canciones hispanoamericanas, que ha sido introducida en la vigilia anterior. Ellos son Bernhard Rövenstrunck y Hans Wilhelm Plate. La obra del primero posee fuertes tendencia dodecafónica mientras que Plate apela más al esquema melódico, si bien ambos utilizan temas y giros melódicos que evocan la música española.
A continuación tenemos dos poemas de Juan Ramón bajo el mismo título, Nocturno, que son utilizados como textos en los ciclos de ambos compositores.
Del ciclo de Rövenstrunck tenemos:
Nocturno
La vía láctea sale
de mí, pasa por tí,
y vuelve a mí, círculo único.
-¡Qué dos columnas
sustentadoras del universo!-
¡Y qué luz temida,
qué plata plácida
para callarse lo que no es!
¿El lucero del alba?
¿o es el grito del claro despertar
de nuestro amor?

Es impresionante la cantidad de símbolos involucrados de una u otra manera, y que sin duda el lector avezado podrá descifrar sin dificultad. Su explicación en sí escapa a los propósitos de este precoz panegírico, pero solo como ejemplo, tomemos
“-¡Qué dos columnas
sustentadoras del universo!-“
y
¿El lucero del alba?
¿o es el grito del claro despertar
de nuestro amor?
En el primer ejemplo cabe preguntarse a qué columnas se refiere, pues el lenguaje es claramente simbólico, aunque quizá no intencional. Y en el segundo caso, nótese la relación entre los fragmentos en negrita. Como se dijo más arriba, el análisis de esta simbología nos intruduce por caminos que van más allá de la música y la poesía, y no vienen al caso. Empero, vale la pena mencionarla para ejemplificar la riqueza en el discurso poético de Juan Ramón Jiménez.
Por su lado, Rövenstrunk utiliza una construcción más bien atonal, con la que emula una atmósfera musicosemántica indefinida, pero que asume enérgicamente giros melódicos de acentos incluso españoles, cada vez que refuerza una idea del poema o enfatiza una frase. Y es que la experiencia del compositor en España es muy amplia y llena de reconicimientos. El lector puede fácilmente acceder la dirección en internet.
Hans Wilhelm Plate en cambio apuesta por lo melódico, sin abandonar naturalmente la modernidad y el recorido por senderos no trillados. Es más personal en su mundo melódico en tanto que apenas hay referencias españolas, pero sí una muy buena articulación musical del texto. Es maravillosamente cantable, aunque asimismo exigente, pues toda la obra, salvo pocos momentos furiosos, debe cantarse piano o pianissimo, sobre la respiración y el registro del pasaje de tenor, por lo que requiere buena técnica belcantística.
En cuanto a la poesía de Juan Ramón que utiliza Plate, he aquí un ejemplo:
Nocturno
Por doquiera que mi alma
navega, o anda, o vuela, todo, todo
es suyo. ¡Qué tranquila
en todas partes, siempre,
ahora en la proa alta
que abre en dos platas el azul profundo,
bajando al fondo o ascendiendo al cielo!
¡Oh, que serena el alma
cuando se ha apoderado,
como una reina solitaria y pura,
de su imperio infinito!

Y ese último párrafo es tan tentador, que sería una lástima no dedicarle una brevísima reflexión:
¡Oh, que serena el alma
cuando se ha apoderado,
como una reina solitaria y pura,
de su imperio infinito!

Nos habla del “Imperio del alma”. Y si el alma se apodera de su imperio (mi alma, tu alma y todas las almas) y ese imperio es infinito, ¿no son todas las almas una sola, y todos los infinitos uno? Y si el alma reina en su imperio infinito, luego el alma es infinita... Alma e infinito se funden. Si seguimos, llegamos a campos que se escapan a nuestro tema. Pero solo para mencionarlo, Michael P. Predmore posee una publicación con el título de La poesía hermética de Juan Ramón Jiménez. Quizá entonces eso lo explique todo...

La geometría de la eternidad: Die Soldaten.

Una conversación con Carlos Padrissa