martes, 28 de septiembre de 2010

Reflexiones sobre el lenguaje

Por extraño que parezca, estas reflexiones tratan sobre el lenguaje. Hoy, justo al despertar vi que todo las piezas encajaban, por lo que tomé la decisión de sentarme frente a mi ordenador con un taza de té. Esto último no tendría mucha importancia si no fuera porque más adelante sale a colación. El té me relaja en el sentido de que activa ciertos mecanismos diversos a los del café, que sigue siendo mi compañero inseparable. Pero hablemos finalmente del lenguaje, como dije, un poco por las ramas.

Ella llegó algo más tarde de lo que había anunciado, cosa sin importancia por lo demás. Distinta fue la llamada de ese amigo que me preguntó si podía hospedarla una noche. Sí, claro, dije, no tengo inconveniente, por más que venía llegando de Shanghai y estaba más atolondrado que de costumbre por los efectos del viaje. Y él lo sabía, se especializa en hacerme correr con noticias de última hora. Pero cuando vi llegar a la zagala, todo quedó perdonado. Se instaló en la habitación que está libre en mi apartamento, charlamos, tomamos té blanco recién comprado en el barrio antiguo de Shanghai y al rato salimos a comer. De camino me detuvo, algo insegura, pues deseaba hacerme una confesión, y me pidió que no se la revelara a nuestro amigo en común. Pero no voy a contarla, el honor me lo impide, quiero hablarles de mis reflexiones del lenguaje.

Una vez acomodados en una mesa de Doce apóstoles, en Heumarkt, pude detallar mucho mejor su extraordinaria belleza. Algo infantil, a pesar de considerarse muy experimentada, procedimos a conversar, con las formas no verbales del lenguaje más bien que. No se puede decir, como Balzac, que era el sitio en donde la virtud hace su propio nido, por el contrario, tiene el semblante de la femme fatale, y eso a ella le divierte, y le saca provecho. Así que varios amantes después, llegamos al momento en el que decidí hablarle de mis reflexiones del lenguaje, luego de que opináramos sobre algunos filmes y libros. Le gusta Balzar, como podrán adivinar. Le dije, en realidad miramos el mundo desde el lenguaje, y propiamente, nuestro lenguaje idiomático está construido por fonemas que nos llevan a imágenes, por más que fueron estas las que dieron origen a los fonemas. La palabra casa, en casi todos los idiomas llamados occidentales, no tiene nada que ver con la imagen de una casa, en cambio en chino, el pictograma de casa es una abstracción directa de la imagen que posteriormente, para poder hablarla, lleva al fonema. Las ideas en sí son otra cosa, abstracciones que se aproximan a la esencia de la cosa, al neúmeno. Pero en el mundo fenomennlógico, nuestra comunicación sigue más el camino de la representación del fonema que de la cosa misma. Le dije, en el caso de alfabeto hebreo tenemos una mezcla de ideograma y fonograma, pues cada letra es en sí misma polisémica: es un número, la representación de una letra y la de una palabra (en un sentido más filosófico-cabalístico). La segunda letra, bet, (b en el alfabeto latino) representa al 2, a la palabra casa, y al fonema. Una trinidad, si se quiere, pero no vamos a hablar de esoterismo, con ella tampoco hablé del tema, apenas rasguñado... Con todo le agradecí que fuera tan buena compañera de sobre mesa, pues no siempre encuentro con quien hablar de lo que me interesa. ¿De qué habla la gente cuando se sienta a comer?

Al salir nos dirigimos a Henry´s New York Bar, que está a tiro de piedra de mi apartamento. Ella pidió una copa de vino italiano y yo me decidí por whisky (single malt, naturalmente). De repente me recriminó que si estar pensando constantemente en películas y libros no me hace vivir en un mundo separado a la realidad. Le dije, cuando era adolescente y voluntario en la Cruz Roja, tenía un colega nicaragüense, socorrista, unos veinte años mayor que yo, con el que me llevaba de maravilla. Había llegado a Costa Rica como refugiado huyendo de la guerra, y se había colocado como zapatero remendón en un barrio contiguo a la escuela primaria a la que asistía, en horario nocturno, para concluir sus estudios básicos. Trabajaba en un reducto diminuto, por el mismo construido con materiales inverosímiles en el que apenas cabía junto a un montículo de zapatos por reparar. Llevaba mis zapatos a su negocio y una vez le pregunté, sos feliz, Salomón. Sí, me respondió, tengo trabajo, casa, puedo comer, mi familia está bien. Me sobrecogió su respuesta, su valentía y determinación. Le dije a la zagala, nunca olvidaré aquella imagen, aquellos días felices. Por más que viva donde viva, sé cuales son mis raíces, como es el mundo que ven los menos favorecidos. Y si he hablado usando imágenes cinematográficas o literarias, ha sido solo una estrategia de conversación con alguien que no conozco, pues con quienes conozco y me conocen bien, no hacen falta casi palabras, como si las ideas se transmitieran directamente en una suerte de telepatía. Lo tuyo con tus amantes, por ejemplo, me parece un juguete del que te aburrirás tarde o temprano, cuida que no te utilicen. Y ya que estamos hablando del lenguaje, pensé en una abstracción para la imagen que tengo de Salomón, pero es difícil, una imagen compleja para la admiración, el respeto, la amistad, el agradecimiento, la camaradería, el crecimiento humano. Curiosamente me llegó la imagen del juego de los amantes de mi interlocutora: un jardín de lujuria cuyos laberínticos caminos no llevan hacia ninguna parte. Y me sorprende que incluso tenga una suerte de abstracción china en mi mente. El ser humano aprende, algunos pronto otros requieren más tiempo. Y el lenguaje es uno de sus más preciados talismanes.

La geometría de la eternidad: Die Soldaten.

Una conversación con Carlos Padrissa